martes, abril 13, 2004

Dudas

La cosa es que tengo una duda difícil de solventar.

Mi situación es algo así como amar una bella escultura con cuerpo de lava hirviente, cabellos de fuego y ojos de luz de estrella. Todo en ella me atrae, pero no puedo abrazarla, ni tocarla, y mirarla me hace daño.

Cualquiera con un poco de sentido común me aconsejaría llamar al servicio de bomberos (en forma de otra sexo, alcohol, dosis intensivas de Neverwinter, etc.), buscar otra escultura que diese menos problemas para ser amada, o, en ultima instancia, cerrar los ojos y volver la cabeza, abrirlos y andar hacia donde sea, diciendo adiós a mi amada escultura ardiente.

Bueno, esta Semana Santa habría sido un buen ejemplo para un profesor que quisiera explicar a sus alumnos el método del primer consejo: he bebido alcohol en cantidades industriales, he comprado mi primera cajetilla de Winston, he comido mucho y muy bien, he jugado a rol y me he empapado varios manuales, he tenido una bella e interesante experiencia con un amigo y con su esposa… es ahora cuando imagino que aquellos a los que la historia ha colgado el estigma de “decadentes” estaban muy contentos de serlo. Es agradable e inconsciente. Ayer instalé de nuevo el Neverwinter. Sé que me voy a arrepentir. Pero el servicio de bomberos ya no es lo que era. Las Semanas Santas cada vez son menos santas.

El segundo consejo… no, me temo que no. Ahora mismo no puedo pensar en otras esculturas desde luego: la que he elegido es tan hermosa…

El tercer consejo se está perfilando como única salida. Quedarme junto a ella y ser testigo del advenimiento de un escultor más diestro que yo y equipado con un traje ignífugo… no. Duele. Y quiero quedarme, pero duele. Y debería irme, pero duele. Y duele que duela… pero duele mucho.

Y tengo una duda difícil de solventar.

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